Este fenómeno llamó la atención del joven cineasta Kane Parsons, quien se hizo famoso en YouTube por sus cortometrajes inspirados en los Backrooms. El éxito de estas producciones llevó al desarrollo de una adaptación cinematográfica producida por A24, estudio reconocido por impulsar algunas de las propuestas más innovadoras del cine de terror contemporáneo.
La película nos transporta a una dimensión que parece infinita, formada por pasillos amarillos, habitaciones vacías y espacios que desafían toda lógica. En este lugar, el tiempo y el espacio funcionan de manera distinta, mientras una constante sensación de peligro acompaña a quienes quedan atrapados en él. La trama se desarrolla entre la búsqueda de una salida y el descubrimiento de los misterios que esconden estos corredores.
Uno de los aspectos más destacados de la cinta es su atmósfera. La combinación de iluminación, escenarios repetitivos y un diseño sonoro inquietante consigue transmitir esa sensación de aislamiento característica de los backrooms. Más que apoyarse en los sustos tradicionales, la película construye su terror a partir de la incertidumbre y el miedo a lo desconocido.
Visualmente, logra capturar la esencia que hizo famoso al fenómeno en internet. Cada escenario parece sacado directamente de las imágenes que popularizaron los Backrooms, permitiendo que el espectador se sienta atrapado dentro de ese mundo extraño.
La película es excelente, logra mantener la tensión y realmente te transporta a esa dimensión donde solo existe un amarillo interminable, el zumbido constante de las luces fluorescentes y la inquietante sensación de no estar solo. Es una propuesta diferente dentro del cine de terror actual y prueba de cómo una historia de internet puede convertirse en una gran película. Una obra de terror psicológico que consigue mantener al espectador al borde del asiento y que demuestra que el miedo también puede encontrarse en los lugares más cotidianos.

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