Si somos estudiantes, ¿por qué nos asesinan?
Represión, desaparición, golpes y muerte parecen ser la condena que las estudiantes deben cumplir por el simple crimen de ejercer su derecho a la educación. Crecemos con el sueño de la libertad y con la esperanza de hacer de este un mundo mejor.
A pesar de la hegemonía del patriarcado, las mujeres nos hemos abierto camino a través de la lucha social: logramos ser reconocidas como personas, conseguimos el derecho al voto y el acceso a la educación… Pero ¿Qué hay del derecho a la vida? Nos la arrebatan de las manos camino a casa o camino a la universidad. Los agresores actúan ignorando que nuestra vida vale lo mismo que la de cualquier persona, que tenemos familia y que albergamos sueños.
Sin embargo, para pesar del feminicida, nuestros nombres se escucharán en todos lados porque todas gritaremos por justicia. Las culpables nunca seremos nosotras: no lo serán nuestras actitudes, no lo será nuestra forma de andar ni nuestra forma de vestir.
Ser mujer es ser revolución y es resistir en cualquier lugar y momento; es cuestionar tanto al sistema gubernamental como al sistema educativo. Hoy no estamos seguras en ningún sitio: seguimos siendo acosadas y abusadas dentro de los espacios donde supuestamente deberíamos estar protegidas, como las escuelas. Y aunque cada vez perdemos más el miedo a denunciar, los agresores continúan en la impunidad porque las propias instituciones los encubren, los protegen y les otorgan libertad para actuar a su voluntad. Por ello, es fundamental alzar la voz para erradicar la violencia contra las mujeres, hacernos notar y estar presentes en cada centro y cada preparatoria y gritar y no parar hasta que la justicia quepa en las aulas.
Para todas las estudiantes que fueron y son reprimidas y asesinadas; para quienes estudian como forma de resistencia, siguen luchando por la libertad femenina y salen a las calles a gritar por ellas y por todas.

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