Fotografía: Lorena C.S

Columna Siempreviva

Una Misma Lucha

Que vivan mis hermanos, los que con sus manos y su cansancio sostienen al país. Que vivan los revolucionarios, los que no se rinden y ven por el bien común por encima del beneficio propio. Que vivan los estudiantes que sueñan, pero sobre todo, que vivan los trabajadores; esos quienes se levantan cuando aún no sale el sol para sostener al mundo, porque es su fuerza la que mueve los engranajes de una sociedad que muchas veces los ignora.

Hoy, a la clase trabajadora se le pisa la cabeza y se le ve por encima del hombro. Quienes ostentan el poder olvidan que muchos de nosotros somos hijos de trabajadores, que crecimos viendo manos callosas y ojos cansados. Su esfuerzo y su sudor son los que llenan bolsillos ajenos; se vuelve una injusticia amarga cuando ellos, quienes más entregan a esta sociedad, son los que más deben pelear para llevar un trozo de pan a la mesa. Es un sistema cruel que consume la vida del obrero y luego lo desecha como si fuera una pieza gastada de su propia maquinaria.

Pero en este día, quiero que vivan aún más las mujeres trabajadoras. Ellas son las que viven la doble cara de la injusticia: explotadas en la empresa y muchas veces olvidadas en el hogar. Son las que realizan jornadas infinitas, cuidando la vida y produciendo la riqueza, sin que gran parte de su esfuerzo sea remunerado o siquiera reconocido. Que viva la mujer que cría, la que enseña, la mujer que siembra y la que resiste. Que vivan las manos que sostienen la casa y la fábrica al mismo tiempo, porque sobre su fuerza descansa la esperanza de un mundo nuevo.

Que vivan todos los que resisten, porque en la resistencia hay unión. No luchamos solos; luchamos contra un muro que sólo caerá cuando todos empujemos a la vez. Porque cuando uno grita, terminan gritando todos; porque una voz se vuelve la de todos y todas las luchas —la del campo, la de la fábrica, la de la escuela y la del hogar— se vuelven una misma. Que viva la dignidad de los de abajo, porque de nuestra unión nacerá la justicia que tanto nos han negado.