Mamá, comiénzame a buscar si no contesto en una hora; pues hoy puedo estar viva y mañana desaparecida. Búscame con vida o encuéntrame en la vida: en esa que seguí, en la vida de lucha y resistencia. Sé que tú también resistirás y que no estarás sola; estarás con Maricela, Karla, Cecilia y más mujeres que buscan a sus hijos e hijas, que buscan a sus madres. Mujeres que buscan hasta lo más profundo de la tierra y que han aprendido a oler y descifrar la muerte; que en el dolor han encontrado la fuerza y el valor para exigir justicia por cada alma enterrada fuera de un panteón.
Hoy, mamá, celebro tu vida, pero también conmemoro a todas las madres buscadoras que resisten. Hoy es un día de lucha y agradecimiento a estas mujeres que, porque aman y extrañan, buscan hasta por debajo de las piedras. Gritan, exigen, rompen y persisten aun cuando intentan callarlas. Aun cuando la "Madre de la Patria" les cierra las puertas de su palacio en la cara; ahí donde nuestra bandera tricolor se empapa de una sangre que no se lava, donde el verde esperanza se ha desteñido hasta ser solo un color, el blanco de la paz es una sábana que cubre la ausencia y los gritos de guerra un ruido más que se pierde en el viento.
Nos dijeron que "un soldado en cada hijo te dio", pero no nos dijeron que esos hijos serían arrebatados de tus brazos, ni que la tierra prometida se convertiría en un mapa de fosas. El águila de nuestro escudo, que debería vigilar nuestra libertad, hoy parece cerrar los ojos mientras sus garras se clavan en el nopal de nuestra historia, ignorando que el "extraño enemigo" que profana con su planta nuestro suelo no viene de fuera, sino que se sienta en las sillas del poder y camina impune por las calles.
El "acero y el bridón" del himno ya no sirven para defendernos, sino para silenciar el llanto de quienes buscan. Pero tú, mamá, junto a las que caminan con la pala y el corazón en la mano, son el verdadero Himno Nacional: un canto que no nace de la gloria, sino de la garganta herida que no se rinde. Si mañana me falta el aliento, que mi nombre sea un proyectil de memoria y que tu búsqueda sea el estruendo que finalmente derrumbe las puertas de ese palacio. Porque mientras falte uno solo de nosotros, la bandera seguirá a media asta en nuestros corazones y este "suelo sagrado" seguirá siendo una fosa que espera justicia.

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