Columna Siempreviva
Y volverán,
volverán esas balas que disparaste,
volverán en forma de mujer
con alma de fuego.
Vengarán la sangre
que decidiste en tu miseria derramar,
vengarán las almas de sus hermanas,
madres, amigas e hijas.
Porque esas mujeres no morirán,
no morirán en la memoria
ni en la historia de este país.
Este número es una ofrenda, una trinchera y una denuncia, escribo este número por y para las que no están y para las que siguen resistiendo la violencia. Por las desaparecidas y por las madres buscadoras que escarban la tierra con las uñas. Lo escribo por cada mujer que habita este mundo; porque aunque somos el árbol de la vida, este sistema que se dice feminista mientras es el mismo que nos levanta muros de hombres para callarnos y es el mismo que nos sigue talando, violando y asesinando.
Nuestra realidad es un cuento de terror. Es una historia donde el aula se vuelve emboscada y mi maestro puede ser mi verdugo; donde el hogar no es refugio, porque si me quedo dormida, mi padre puede profanar mi descanso; donde salir a divertirme es arriesgarme a que un extraño me arrastre a un ritual de espanto.
Hoy salí a la calle a gritar por todas. Por las infancias rotas y por las mujeres que la historia olvidó en sus notas al pie de página. Desgarré mi garganta para que las voces que fueron apagadas, las que murieron pidiendo ayuda, se vuelvan a encender en este incendio colectivo. Y no grité sola: gritamos miles. Miles de niñas que antes de crecer, han aprendido a cuidarse solas y miles de mujeres que han perdido el miedo a perderlo todo.
Hoy todas caminamos seguras en la calle, hoy todas somos una ola de esperanza, amor y revolución. Somos el incendio que las balas no pudieron apagar y la luz que el miedo no logró extinguir. Al vernos a los ojos, comprendemos que nuestra mayor venganza es estar vivas, estar juntas y estar organizadas. Hoy, la calle dejó de ser un laberinto de peligros para convertirse en nuestro territorio recuperado. Mañana, cuando el sol salga, ya no seremos las mismas: seremos el eco de un grito que no piensa detenerse hasta que el mundo entero aprenda a respetarnos.
Hoy haremos revolución. porque la supervivencia es una necesidad. Organizaremos la resistencia hasta que la justicia no sea un privilegio, sino un aire que se pueda respirar. Les haremos escuchar, les haremos ver que nuestro paso no es solo estruendo o cristal roto; es la búsqueda de la paz. Queremos vivir libres, queremos caminar sin mirar atrás, queremos, por fin, vivir sin el martirio del peso del miedo en los hombros.

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