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Columna Siempreviva: El Cringe y la Ultraderecha


Columna Siempreviva

La ultraderecha y los valores tradicionales han vuelto o tal vez solo se trate de una pequeña “epidemia” pasajera pues cada vez normalizamos más este repetitivo discurso sobre el conservadurismo.

¿Nos hemos vuelto conservadores por convicción, o es el miedo al "cringe" y el juicio de las redes sociales lo que nos ha domesticado?

Históricamente, la juventud era sinónimo de rebeldía, de salir del hogar para encontrar una esencia propia, política y en todo caso religiosa. Hoy, esos temas se evitan o se juzgan. Si la juventud pierde su capacidad de cuestionar, perdemos la conciencia de clase. Sin esa chispa, no hay lucha por los trabajadores, los estudiantes ni las mujeres. Corremos el riesgo de estancarnos, olvidando que los derechos que hoy tenemos fueron los frutos de jóvenes revolucionarios que se atrevieron a "dar el cringe", a cantar y a incomodar para mover al mundo.

He llegado a la conclusión de que la verdadera división ya no es solo izquierda o derecha, sino la capacidad humana de dejar de lado los privilegios para ver la otra cara de la moneda. Como mujer y estudiante, me preocupa escuchar aspiraciones que percibo como mediocres: el deseo de volver a la sumisión, a la familia "tradicional" y a un mundo soso donde la apariencia importa más que la justicia. Ese retorno a "lo clásico" suele ser el lugar donde históricamente se ha escondido la violencia.

El “qué dirán” ha evolucionado y se ha convertido en una forma de exilio, si  antes el estado era el que reprimía ideas progresistas mediante la fuerza, para la “new gen” el cringe se ha vuelto un martirio, un mecanismo de autocensura, que nos ata y nos hace retroceder a los valores tradicionales bajo una máscara de sofisticación. La rebeldía es ahora percibida como sucia, poco a la moda y poco elegante ya que las ideas como el “trad wife”, “sad beige mom” o el “old  money” son ideas que higienizan la desigualdad vendiendo el privilegio y la sumisión como el estándar máximo de elegancia y éxito. Al idealizar estas figuras, estamos estetizando la opresión y el privilegio, olvidando que los derechos que hoy tenemos no nacieron de la elegancia, sino del atrevimiento de ser 'impropios' para mover al mundo. Esa es la victoria más grande del conservadurismo moderno: hacernos creer que luchar por la justicia es, simplemente, de mal gusto.

Hoy, la revolución se manifiesta en el estudio y el pensamiento crítico. Ser joven en el siglo XXI y permanecer indiferente ante la injusticia no es solo un error político, es una renuncia voluntaria a nuestra libertad. ¿Es esto solo una moda? ¿Cuánto durará este refugio en lo conservador antes de que la necesidad de cambio vuelva a estallar?

Ig: la_lorecs X: la_lorecs


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